¿Cuántas veces has hecho una montaña de un grano de arena?
Alguien te envía un wasap que suena seco y en lugar de no darle importancia entras en un bucle extraño atribuyéndote culpas por cosas que no han ocurrido. En lugar de pensar que esa persona igual se levantó sin gracia, te convences de que has dicho algo que la ha molestado.
Esa voz que te forma películas de la nada es como un diablillo que vive en nuestras cabezas y nos cuenta siempre la peor versión. Le gusta el drama.
La próxima vez que tu te atormente, pídele pruebas. Por ejemplo:
– ¿De dónde sacas que le he molestado?
– ¿Por qué supones que está seco y no cansado?
– Dime exactamente qué le pudo molestar.
Verás cómo así empiezas a salir del bucle. El diablillo se alimenta de nuestras inseguridades, por eso en cuanto empiezas a cuestionarle, pierde fuerza y se acabará callando.
Gran parte de nuestro malestar no viene de lo que sucede, sino de cómo lo interpretamos.
Empieza a enfrentarte al diablillo y verás como su voz deja de molestarte.